FAITH NO MORE Estadio Bicentenario de la Florida, Santiago. October 30th 2009

Unbelievably ten years have passed since Faith No More played Estadio Bicentenario de la Florida in Santiago, Chile. This legendary show saw the band rekindle their relationship with the country in front of 20,000 fans. 

"Faith No More is a unique band, which involves something indescribable, something that comes from beyond the bowels and something emotional. Chileans are a bit like this ... a strange mix, without a definite identity and looking for a constant course and sometimes clinging to seasonal things that make us happy for a minute, but then we leave them for others. The dream came true. Hopefully they are encouraged to give us a new album. Long live Faith No More!"



POTQ

Era imposible resistir a la tentación de Fiskales Ad-Hok y Sepultura. Había que saltar con ellos, gritar, vibrar y transpirar. Pero, después de una considerable espera, Faith No More estaba a punto de presentarse ante nosotros y cierto hálito de energía renovada se hacía sentir. Como había sido la tónica, el cover de ‘Reunited’ (original de Peaches & Herb) dio el puntapié inicial al ansiado momento de poder presenciar, por primera vez para muchos, a los californianos que -hace 11 años- coronaron con su disolución a una semana fatídica de abril, en la que también nos enteramos de los decesos de Octavio Paz y Linda McCartney.

Como unas máquinas, pasaron a la siempre incendiaria ‘From Out Of Nowhere’ y por fin Mike Patton saludó al público. Ya era un hecho: estaban acá para nosotros. Público y banda convertidos en un solo ente, que se remecía con los rugidos del orate vocalista, un extraterrestre en cuya apariencia el tiempo no hace mella alguna. Pero, aunque no se pueda decir lo mismo sobre sus compañeros de banda, las capacidades de todos siguen intactas. El grupo funciona como una aplanadora inclemente, que no perdona a ninguna superficie y aplasta lo que sea con canciones del calibre de ‘Land Of Sunshine’. Incluso pueden transformar la anecdótica versión en español (y con el frontman usando chupalla) de ‘Evidence’ en un momento intenso, reconocido por absolutamente todos los asistentes del Estadio Bicentenario de La Florida.

Algunos fumaban, enfriando sus cuerpos, pero todos tenían claro que la calma dura poco cuando se trata de Faith No More. ‘Surprise! You’re Dead!’ y ‘Last Cup of Sorrow’ volvieron a poner los pies en el aire y las cuellos a balancearse. De ahí en más, el salvajismo alcanzó su punto cúlmine en ‘Cuckoo For Caca’, para declinar con ‘Easy’; otro respiro, cortesía de una de las más versátiles instituciones del rock. Y es que el sabor a histórico estaba en las bocas de cada una de las personas presentes. Fueron muchos años de ausencia, en los que el recuerdo y la añoranza invadieron a todos quienes los conocieron. La segunda venida estaba sacudiendo nuestra tierra, al suroriente de una capital siempre necesitada de estímulos semejantes, de actos viscerales entre tanto gris y caras largas.

‘Epic’, el mayor éxito de la banda, inundó al recinto en una avalancha de guitarras y de potencia. “¿De verdad estos tipos son cuarentones” era la pregunta que muchos se hacían. Con el vigor de unos adolescentes, los norteamericanos seguían en pie, para demostrar que la eterna juventud no es una quimera cuando ‘Midlife Crisis’ es parte de tu repertorio y toda la gente quiere cantar contigo en el coro del tema. Especialmente si son alentados por un cantante que mantiene una relación especial con el país en cuestión, hasta el punto de emular –a su manera- el famoso grito de cehacheí. Tener al grupo ahí, compartiendo el mismo oxígeno y el mismo cielo, cantando ‘RV’, es volver a estar borracho escuchando Angel Dust. De eso se trata ir a verlos. Por eso fue tan emocionante que luego sonara ‘The Gentle Art of Making Enemies’ o ‘King For a Day’, porque son canciones que están impregnadas en el inconsciente de miles de personas. Himnos para que todos pudiéramos acompañar al grupo y seguir los acordes, la batería y ese bajo eternamente peligroso.

Con ‘Ashes to Ashes’, quedamos pensando en qué hubiera pasado con la banda de no haberse disuelto. La electricidad descargada en el tema daba para eso. Nadie se salvó de esos últimos gritos de Patton, presagiando que le quedaba garganta para poder entonar las dos magnánimas obras con las que finalizaría el macro del show: ‘Ricochet’ y ‘Just a Man’. Sendos golpes bajos a la seguridad de todo el estadio, con un desaforado cantante entre medio de la multitud, desafiando a los guardias que osaran tocarlo y convulsionándose en el suelo, como un shamán esquizofrénico y excitado. Tras el primer fin del rito, la magia se resquebrajó un tanto, con la conciencia de que el setlist era corto y de que el grupo intentaba despedirse. Eso sí, ‘Stripsearch’ (con la notable ‘Chariots of Fire’ como intro) garantizaba la tranquilidad de saber que –al menos- la perfección alcanzada bastaba para satisfacer las enormes expectativas acumuladas.

Ni siquiera ese triste (y bastante reprochable hacia la organización) problema de sonido en ‘We Care a Lot’ pudo hacer pensar lo contrario. Incluso hubo quienes siguieron con sus voces a unos Faith No More que no tenían idea de que los parlantes habían dejado de funcionar y continuaban interpretando con ahínco su célebre single. Fue el único instante que empañó a más de una hora de absoluto deleite. ‘Pristina’ fue la encargada de lavar el recuerdo, para volver a dejarlo impecable en las memorias de quienes presenciaron y se rindieron de rodillas ante el show de una banda generosa en dotes, herederos de todos los epítetos con los que una persona pueda referirse a unas leyendas del rock. ¿En pocas palabras? Un concierto de la puta madre.

Emol

Venían de tocar ante un recinto imposible más abarrotado como el Teatro Caupolicán, y la primera atracción de la segunda fecha de Faith No More en esta vuelta a Chile fue el contraste. Al día siguiente la innovadora banda estadounidense que contribuyó a renovar los circuitos del rock, el metal y otros géneros desde su aparición en los años '80, tocó en Santiago en el Estadio Bicentenario de La Florida, y de paso contribuyó a su vez a despojar al rock de estadios de su bien ganada marca de espectáculo autoritario por lo monumental y rancio por lo predecible. Con Faith No More en cambio no hay nada autoritario ni predecible. Ni hay escenario chico. Ni grande. En realidad no importa tanto el tamaño del recinto sino lo que ocurre cuando el grupo sale a escena a remover los patrones habituales de un concierto de rock. La materia prima será la música: ese rock siempre voluble que lo mismo puede arrancar de un melódico cover inicial ("Reunited", muy a tono con la reunión del grupo) para luego avanzar por bases funk, episodios de saturación desquiciada, metal gutural y la fusión de rock, metal y rap que es una de las marcas de fábrica del grupo. Luego es la figura del cantante Mike Patton la que se impone, desde luego. Que también tiene muchas posibilidades, entre el símbolo sexual rockero, el provocador que otra vez se tercia a surfear los salivazos del público y a estimular una de las más dudosas costumbres nacionales, el experimentador entre las diversas posibilidades de amplificación de su voz con una paleta de efectos que maneja sobre el escenario, y el improvisador que termina cantando al borde de la barrera con el público y que, en vez de sacar a ondear una barata bandera chilena, nunca parará de hablar un payasesco castellano armado a pedazos entre acento mexicano, español, chileno y quizás de qué otras partes. Con un grupo así tampoco es mucha la sujeción a una pauta predeterminada de canciones, y si hay títulos que aparecen entre ambos días en Chile como "Ricochet" ("Pínochet", cantó Patton), hay grandes momentos regalados sólo para la audiencia de masas del segundo día. Eso fue "We care a lot", la primera de todas las canciones de la historia del grupo. La misma que guardaron para la despedida y que, segundos antes de terminar, se fue a negro producto de un inesperado corte de energía que dejó al grupo en silencio sobre el escenario. Y ese no es un problema: es una oportunidad. La oportunidad única en la historia de cantar, gritar y saltar entre el público la letra de "We care a lot" mientras Faith No More la toca allá arriba del escenario a medio silenciar: el regalo de un karaoke nunca más oportuno.

Humonegro

Lo del estadio sería algo demasiado distinto a “La Gala”, hablamos de una plaza 5 veces más grande que el Teatro Caupolicán y que además fue el primer show confirmado de Faith No More en Chile, a precios mucho más accesibles por lo que la variedad de público era demasiado amplia; fanáticos, figurines, jugosos y algunos que iban para simplemente no perdérselo, pero en la variedad es donde está el gusto de los conciertos masivos.

No haré comentarios sobre Fiskales Ad-Hok ni  Sepultura, ya que ese día por ir al hotel donde me encontré con Billy Gould y Mike Bordin, llegué justo cuando Sepultura había terminado, por lo que, sería irresponsable inventar algo sobre ellos.

Mientras se esperaba la aparición de Faith No More, el público comenzaba a probar su puntería tirando escupitajos al escenario, y los de cancha general a los de cancha VIP, en lo que me imagino, fue una especie de protesta por la posición comprada y no ganada con el sudor de la espera.

Se apagan las luces y aparece FNM en pleno sobre el escenario, que era gigante, al más puro estilo de los mejores festivales del mundo y apoyado visualmente con 2 pantallas de buena resolución en los costados, donde las cámaras estaban a cargo de Via X, que será el canal que mostrará este evento en las próximas semanas.

“Reunited”, el tema con el que han partido casi toda la gira, dio el vamos a esta calurosa noche de viernes, con Patton cojeando más que nunca y vestido de un brillante traje.

“From Out Of Nowhere”, “Land Of Sunshine”, “Caffeine” y “Evidence”, ya tenían a Mike Patton con chupalla puesta en la cabeza.

“Surprise! You’re Dead!”, “Last Cup of Sorrow” y “Cuckoo for Caca” nos dejaban entrever un sonido muy potente, sin caer tampoco en el exceso de volumen.

“Easy”, “Epic” y “Midlife Crisis” fueron una tripleta de temas taquilleros que lanzaron en el repleto Estadio Bicentenario. Se notaban a estas alturas problemas con el sonido del teclado de Roddy Bottum, que variaba de manera constante su volumen.

“RV”, otra sorpresa de este “Second Coming Tour”, tema perteneciente al “Angel Dust” que fue un placer escuchar en vivo.

Todo continuaba con “The Gentle Art of Making Enemies” y “King For a Day” tema que sonó perfecto al aire libre.

En esta ocasión los escupitajos que se repartieron entre el público y Patton fueron menos de los que se repartían entre él y Bordin, que tenían su show interno.

“Ashes to Ashes” y el regalo para Chile, “Ricochet”, lograron que el público se sintiera más coordinado, y la voz se unificara.

La hora pasaba rápido y nos dimos cuenta en “Just a Man” que esto ya llegaba a su fin. Patton bajó para acercarse al público en plena canción, pero fue demasiado lejos con el micrófono, tan así, que el final casi no se escuchó y con esto, hacen el primer corte de la noche.

Megáfono en mano comienza a sonar algo que Patton dijo que nos gustaría “Olé, Olé, Olé, Olé!” que se suma a “Chariots of Fire”, el intro ya conocido de “Stripsearch”, que provocó uno que otro escalofrio en el estadio. “We Care a Lot”, justo cuando todos ya estaban en pleno gozo, se corta el audio en el estadio, por culpa de un tipo que se pasó de cancha, al sector donde estaba la mesa de sonido y al forcejear con los guardias, arrasó con el cable de un generador, que se demoraba 2 minutos en volver a activarse, cosa que en ningún momento la banda percató y siguió tocando como si nada, y abandonó el escenario sin saber de lo sucedido, provocando las pifeas generalizadas por parte del público y minutos de tensión.

FNM vuelve al escenario para despedirse con “Pristina” tema que cierra el “Album of the Year”. Con este tema Faith No More se despide de Chile, aunque estaba considerado terminar el show con “A Small Victory”, pero  no sabemos por que fue así.

Si bien, el show en el Estadio de La Florida fue bastante intenso, el hecho de que sea un lugar mucho más grande y al aire libre, hace que se sienta un poco más frío.

La banda se fue de nuestro país con una gran sonrisa en la cara, que habla bien de lo que se vivió acá en los primeros conciertos que vimos a Faith No More como protagonista y no en el marco de un festival, como fue anteriormente.


Faith No More es una banda única en su especie, que envuelve algo indescriptible, algo que viene desde más allá de las entrañas y de algo emocional. Se parece en cierta forma a nosotros los chilenos.. una mezcla extraña, sin una identidad definida y buscando un rumbo constante y a veces aferrándonos a cosas estacionales que nos hacen felices por un minuto, pero luego las dejamos por otras. El sueño se hizo realidad. Esperemos que se animen a darnos un nuevo disco. ¡Larga vida a Faith No More!.

Rock N Vivo

Pasa algo extraño con los ídolos. Más que un respeto incondicional que puede manifestarse de muchas y variadas formas, existe un nivel al que sólo pueden llegar algunos elegidos y trascender el tiempo. A ellos, más que “perdonarles” las faltas, se les “consiente” en todo y sin preguntar “por qué”. Poco importan sus retrasos o las fallas técnicas que, en este caso, estropearon el final de la presentación, porque es muy probable que, a pesar de todo, las miles de personas que estuvieron ahí hayan salido conformes.

Una velada completa que comenzó pasadas las 19.00 horas del viernes 30 de octubre, con la actuación de los Fiskales Ad-Hok como aperitivo nacional de punk incombustible y que prosiguió con los brasileños de Sepultura, que dejaron los ánimos a temperatura justa para el plato de fondo (por cierto, ¿quién dijo que no eran lo mismo sin Max? Demonios, que suenan bien ellos. Qué brutal la guitarra de Andreas Kisser).

Faith No More logra condensar eso. No importa que se reúnan “porque entendieron”, como dice el cover con el que abren sus presentaciones, y no traigan material nuevo. O que su escenografía apueste al minimalismo de unos telones burdeos de terciopelo muy a la Twin Peaks de David Lynch, con nada de pantallas ni pirotecnia.

La complicidad que alcanzan Patton y compañía con el público chileno es deslumbrante. Concretan la conexión emocional en niveles muy altos. Es locura de tomo y lomo, desbordante e incandescente en forma de canción. En romper la calma de un traje de gala y terminar con la camisa abierta y con chupalla y cantando “Evidence” en español. En “El gentil arte de hacer enemigos”, en cambiar la letra de “Ricochet” (“Mr. Pinochet, it’s gonna hit you, it’s always funny…”) y por sobre todo, en dejar de cantarle a 20 mil asistentes, para cantarte sólo a ti.

El setlist de esta segunda actuación de Faith No More en Chile, que tuvo como escenario un correctísimo Estadio Bicentenario de La Florida, no varió mucho del que presentaron la noche anterior en “La Gala” del Caupolicán, sólo que esta vez incluyó “Reunited” como apertura, “Cuckoo for caca” y la fallida “We Care a Lot” (lamentables fallas técnicas desenchufaron a la banda en medio de la canción), dejando fuera a “Collision”, “Be Agressive” y la vitoreada “Digging the grave”.

Ah, y con respecto a los escupitajos… bueno, es parte de la conexión. De una muy buena conexión.

Setlist

Reunited (Peaches & Herb cover)
From Out of Nowhere
Land of Sunshine
Caffeine
Evidence (Spanish Version)
Surprise! You're Dead!
Last Cup of Sorrow
Cuckoo for Caca
Easy(Commodores cover)
Epic
Midlife Crisis
RV
The Gentle Art of Making Enemies
King for a Day
Ashes to Ashes
Ricochet
Just a Man

Encore

Stripsearch (Chariots of Fire Intro)
We Care a Lot

Encore 2


Pristina





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